En una operación de financiación bancaria, la capacidad del solicitante para obtener una línea de crédito no depende únicamente de su actividad empresarial, de sus balances o de sus previsiones de negocio. La entidad financiera analiza, fundamentalmente, el riesgo de crédito, la capacidad de devolución de la financiación y las garantías disponibles para reducir la eventual pérdida que pudiera producirse en caso de incumplimiento.
En este contexto, la aportación de un colateral o garantía financiera de calidad, emitida por una entidad, fondo o proveedor aceptable para la entidad financiadora, puede constituir un elemento de extraordinaria importancia. La función económica del colateral consiste precisamente en transformar una parte del riesgo que asume el banco, aportando un mecanismo adicional de protección y mejorando la estructura de la operación.
Por ello, una garantía correctamente estructurada no debe contemplarse únicamente como un coste de la operación, sino como un instrumento financiero capaz de facilitar el acceso a financiación, mejorar las condiciones de crédito y aumentar significativamente la capacidad de apalancamiento del beneficiario.
Cuando una empresa solicita una línea de crédito sin aportar garantías suficientes, la entidad financiera debe valorar prácticamente la totalidad del riesgo sobre la solvencia de la empresa, sus recursos propios, sus flujos de caja, sus activos, su historial financiero, sus previsiones de generación de ingresos y la capacidad futura de devolución.
La situación cambia cuando existe un colateral admisible y jurídicamente ejecutable. En ese caso, el banco dispone de una segunda capa de protección frente al riesgo de impago. La garantía puede permitir que una operación que inicialmente presente un nivel de riesgo elevado pueda ser estructurada bajo parámetros de riesgo más aceptables para la entidad financiera.
Esto no significa que el banco renuncie a analizar al prestatario. Significa que el banco dispone de una fuente adicional de seguridad sobre la que estructurar la operación.
Desde la perspectiva de la entidad financiera, uno de los principales objetivos consiste en mantener controlada la exposición al riesgo. Una garantía suficientemente sólida puede actuar como mecanismo de credit enhancement, al mejorar la protección económica de la financiación.
Sin garantía suficiente: el riesgo bancario depende principalmente de la solvencia y capacidad de pago del cliente. Con garantía adecuada: el riesgo bancario se distribuye entre la solvencia del cliente, la garantía/colateral, la estructura contractual y los mecanismos de ejecución.
El banco no está únicamente evaluando si el cliente puede devolver el dinero, sino también qué protección tiene disponible si el cliente no puede hacerlo. Esta segunda dimensión puede resultar determinante en operaciones de elevado importe.
Las entidades bancarias trabajan con sistemas internos de análisis y aprobación de riesgos. Una operación puede tener una determinada capacidad de riesgo sin garantía y una capacidad diferente cuando existe una garantía aceptable.
La existencia de un colateral puede facilitar que la operación pueda ser presentada internamente al departamento de riesgos con una estructura más favorable. Cuanto menor sea la pérdida potencial del banco en caso de incumplimiento, mayor puede ser la capacidad de la entidad para asumir determinadas exposiciones, siempre dentro de sus políticas internas y de la normativa aplicable.
El colateral, por tanto, puede contribuir a que la operación sea más bancable.
La utilidad de una garantía no necesariamente se limita a conseguir que el banco acepte estudiar la operación. Una estructura de garantías adecuada puede influir también en las condiciones económicas ofrecidas por la entidad.
Dependiendo de la política de riesgos del banco y de la naturaleza concreta de la garantía, puede contribuir a: reducir la percepción de riesgo, mejorar el pricing de la financiación, reducir determinadas exigencias de garantías adicionales, mejorar determinados límites de exposición, facilitar plazos de financiación más adecuados, reducir determinadas condiciones restrictivas, facilitar estructuras de financiación de mayor importe y mejorar la capacidad negociadora del cliente frente a diferentes entidades financieras.
Por tanto, el verdadero valor económico de una garantía debe analizarse no solamente desde el coste de adquisición de la misma, sino desde el beneficio financiero que puede generar durante toda la vida de la financiación.
Una garantía financiera correctamente estructurada puede tener un valor económico muy superior a su coste nominal. Su importancia reside en que puede reducir la percepción de riesgo de la entidad financiera, reforzar la estructura crediticia, facilitar el análisis y aprobación interna de la operación, mejorar la posición negociadora del solicitante, contribuir a obtener mayores volúmenes de financiación, potencialmente mejorar determinadas condiciones financieras, reducir la necesidad de aportar activos propios, preservar liquidez, facilitar operaciones de elevado importe, permitir un mayor apalancamiento y convertir proyectos económicamente viables pero financieramente limitados en operaciones susceptibles de financiación bancaria.
En definitiva, el valor de una garantía no está en el documento que la representa, sino en la capacidad real que proporciona para reducir el riesgo de la entidad financiera y facilitar la obtención de financiación. La rentabilidad de la operación surge cuando el coste de disponer de esa capacidad de garantía es inferior al valor económico que genera la financiación obtenida y aplicada a una actividad productiva.